defiende el enfoque de género

La Hoyada: De centro de tortura a lugar de memoria

Publicado: 2011-12-12

Por Jimena Rojas Denegri (@jimenar88)

“Lo perdí todo y hasta ahora no he encontrado nada

ni siquiera justicia”

(Maximiliana Quispe, esposa del desaparecido Constantino Saavedra)

Maximiliana señala una estructura de cemento: “Ese es el horno, ahí cremaban los cuerpos de los detenidos”. Avanza unos pasos por el terreno y se acerca a un pozo: “Acá los torturaban ahogándolos. Muchos han muerto, esto es un gran cementerio”.

La Hoyada es el nombre con que se conoce al terreno que entre los años 1983 y 1985 funcionó –en teoría- como campo de entrenamiento para los militares del cuartel “Los Cabitos”. Sin embargo, la zona en realidad fue utilizada como un lugar de tortura y ejecución extrajudicial.

Actualmente este espacio se encuentra dividido por cientos de excavaciones, de las que se han exhumado más de 100 cuerpos de detenidos en dicho cuartel. Los deudos de los ejecutados en La Hoyada tuvieron la esperanza de recuperar a sus fallecidos cuando comenzaron las exhumaciones, pero este deseo se vio rápidamente frustrado, debido a que ninguno de los cuerpos ha podido ser identificado: todos se encuentran amontonados en la Fiscalía.

La tarea de reconocimiento de los fallecidos parece imposible. Muchos están desnudos, decapitados o calcinados. No solo los mataron: los quisieron volver víctimas sin nombre. Muertos anónimos.

Desde el año 2007, la Asociación Nacional de familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (ANFASEP) mantiene un largo litigio por este territorio.  Se ha solicitado una transferencia de tierras para construir ahí un ‘santuario de memoria’, es decir, un espacio para recordar los horrores ocurridos en la base militar y dignificar a las víctimas asesinadas y enterradas en cementerios clandestinos. Una justa reparación simbólica para los deudos.

Pero no lo consiguen.

Cuatro años sin respuesta

Han sido más de cuatro años de espera para ANFASEP y El Estado aún no ha emitido ninguna respuesta formal a su pedido. Uno de los factores más preocupantes de esta demora ha sido ver cómo las invasiones van tomando el terreno de La Hoyada.

Se han entregado títulos de propiedad a quienes se han instalado en este espacio. Por esto, es muy importante para los familiares de las víctimas proteger lo que queda del territorio antes que el Ministerio de Defensa lo entregue a nuevos invasores.

El pedido nació a raíz de las exhumaciones realizadas a partir del año 2005, pero los primeros documentos para solicitar la transferencia del terreno del Ministerio de Defensa al gobierno municipal se emitieron durante el año 2007.  Han pasado varios años, pero los familiares no pierden la esperanza de poder construir un santuario para recordar a sus seres queridos.

“La Comisión de la Verdad ha mencionado en sus recomendaciones la importancia de las reparaciones simbólicas. Y esto sería una reparación para todos los familiares, no solo de ANFASEP”, afirmó Adelina García, miembro de ANFASEP y esposa del desaparecido Zósimo Tenorio.

Un primer paso fue la cruz que se colocó en julio de este año en el terreno para garantizar la intangibilidad de la zona. También se han colocado una serie de hitos para delimitar el territorio y protegerlo de las invasiones mientras se encuentra en disputa.

La Hoyada: Lugar de Memoria

ANFASEP se formó con mujeres que, diariamente, como en una rutina irrenunciable, iban a preguntar por sus familiares a las puertas del cuartel Los Cabitos; aquí ellas se conocieron y comenzaron a organizar la búsqueda en conjunto. El terreno es un emblema de la lucha de las madres.

“Ese es el lugar donde han sufrido muchos detenidos. Yo creo que en una de esas tumbas está mi esposo, o en ese horno lo han quemado”, afirmó Adelina García.

La creación de un Santuario de la Memoria en La Hoyada materializa la experiencia de estas mujeres y da lugar a diferentes voces que han vivido la experiencia de la desaparición. Los recuerdos de cada uno de los familiares que perdieron a sus seres queridos logran así articularse en un espacio de conmemoración.

Eso, el coraje, nadie se los quita.


Escrito por

Jimena Rojas Denegri

Antropóloga y redactora de lamula.pe


Publicado en

Redacción mulera

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