la naranja está partida

Narcotraficante 'Vaticano': "Yo asumo mi responsabilidad"

Publicado: 2011-09-18

El mayor narcotraficante del Perú, Demetrio Limonier Chávez Peñaherrera, alias 'Vaticano', fue entrevistado por la corresponsal Carmen de Carlos del ABC de España, primer medio internacional al que le concede una entrevista, en la que comentó sobre su tiempo en la cárcel, Vladimiro Montesinos y sus sueños de fama.

Está cumpliendo una condena de 25 años por tráfico ilícito de drogas. Lleva en la cárcel 18 años y no tiene ningún deseo de aferrarse a alguna ley de amnistía. "Tengo dignidad", sostuvo firme, mientras se critica a aquellos reos que buscan salir de la cárcel. "Yo asumo mi responsabilidad. No como esos criminales que ahora piden por sus derechos humanos porque están asustados…Tienen miedo a morir. ¿Yo?, yo no".

'Vaticano' llegó a tener la pista de aterrizaje con mayor tráfico de avionetas de narcos del mundo. Sus naves, y las de otros 15 cárteles más, despegaban y aterrizaban día y noche. Esto con aprobación del ex asesor del entonces presidente Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, "hoy encerrado en mi misma celda sarcófago de El Callao", al cual le pagaba una cuota de 50 mil dolares al mes y lo dejaba tranquilo.

Declaró que desearía salir de la cárcel en helicóptero, rodeado de modelos y aterrizar en el hotel Westin. Quiere que se haga una gran producción cinematográfica sobre su vida, deseando ser inmortalizado por Mario Puzo y llegar a ser una leyenda como 'El Padrino'.

Entrevista publicada por ABC:

Botas, pantalones vaqueros modelo Armani, cinturón entero de plata, cazadora azul oscura con capucha rematada en piel y corte de pelo, muy blanco, de marine. El narcotraficante Demetrio Limonier Chávez Peñaherrera, alias «Vaticano», camina solo. Mide 1,75 y pronto cumplirá 58 años. A su derecha se levanta el muro del Pabellón B-1 de presos de máxima peligrosidad del Penal Miguel Castro Castro, en la barriada limeña de San Juan de Lurigancho. A la izquierda, en el patio, lejos de él, los reclusos reciben las visitas de sus mujeres. Ninguno levanta la vista.

Es miércoles. Nadie se atraviesa en el camino de, posiblemente, el preso más poderoso de la cárcel. Ni siquiera los terroristas de Sendero Luminoso, la guerrilla maoísta más sanguinaria de la historia de Iberoamérica, dan un paso al frente. «El loco», «Sadán» o «Al Capone» —otros de sus sobrenombres— camina con el aplomo de John Wayne en una del Oeste, aunque su película favorita es «El padrino». Quiere que Mario Puzo (fallecido en 1999) escriba el guión de la historia de su vida y llevarla al cine. «Usted podría hacer el contacto», solicita.

Su biografía tiene todos los ingredientes para un best-seller que el escritor y periodista Hugo Coya tiene previsto publicar a fin de año. Pero «Vaticano», la versión peruana de Pablo Escobar, sueña con Hollywood. Michelle Alexander, la reina de los culebrones locales, ha firmado los derechos para una miniserie de televisión que se emitirá en Perú. Ellos dos y su familia son los únicos con los que, en sentido figurado, «Vaticano» se confiesa. En dieciocho años de reclusión (fue condenado a 25) hace una excepción con ABC, primer medio de comunicación extranjero que lo entrevista.

Negocios con Pablo Escobar

En enero de 1993 «Vati», como le llaman con sumisión los guardias de Castro Castro, fue detenido en Colombia. Interpol lo buscaba por todos los rincones del globo. Se trataba del mayor narcotraficante de Perú, primer país del mundo en exportación de cocaína (unas trescientas toneladas al año). Demetrio Limonier, el peruano que salió de Saposoa, un pueblo perdido en la selva del Amazonas, fue el único «capo» que pudo operar con el cartel colombiano de los Rodríguez Orejuela y el de «Pablito Escobar, mi amigo, aunque trabajamos solo seis meses», recuerda.

La entrevista se celebra en su celda. El cuarto, a diferencia del resto de las instalaciones, está recién pintado. Hay ducha y lavabo independiente. En la pared de la puerta, sobre los barrotes de hierro, se superponen dos placas lacadas en blanco. Enfrente, en una estantería de madera —de la que reniega porque es de un recluso que no aparece en ningún momento— hay una televisión llena de calcomanías de Blancanieves, Winnie de Pooh y Mickey Mouse. Entre esta y la cama se abre espacio una mesa con un cristal en óvalo sujeta por la escultura de una mujer desnuda. «Vaticano» comenta que «representa a la ninfa Calipso (La Odisea) Fue un encargo». No aclara quién la ha esculpido, pero, según la tradición, en Castro Castro los terroristas de Sendero Luminoso, organización maoísta que asesinó a más treinta mil personas hasta principios de los 90, suelen ser especialistas en tallas. A ellos, al ex presidente Alberto Fujimori y a su brazo derecho y cómplice, Vladimiro Montesinos —ambos entre rejas— , «Vaticano» les dedica los mayores insultos. «Perú era un “narcoestado”. Yo formaba parte del sistema y asumo mi responsabilidad. No como esos criminales que ahora piden por sus derechos humanos porque están asustados…Tienen miedo a morir. ¿Yo?, yo no», garantiza.

En sus tiempos de Campanilla, cuna del tráfico de droga, «Vaticano» llevaba colgada una cápsula de láudano con cianuro porque sabía lo que le esperaba si Sendero Luminoso lo atrapaba. Dice que intentaron pactar con él y se negó. Entonces fue testigo de un hecho inolvidable: «A un hombre le colocaron un hierro en la sien y se lo atravesaron a golpes de martillo. Después, con forma de mortaja, le ataron un alambre hasta la barbilla. Giraban de los extremos del hierro, como si fuera un torniquete, para que escupiera la lengua». La escena le sirve para explicar que se alió con las Fuerzas Armadas con un doble objetivo: «Acabar con el terrorismo. Mantenía a doscientos soldados, les pagaba el uniforme y hasta las prostitutas»; y a cambio, «mi ejército —recalca para dejar claro que sentía que era su propietario— cuidaba la pista y los cargamentos», de cocaína.

Fan de Camilo Sesto y Perales

No conoce España, pero le gustaba y le gusta la música «de Camilo Sesto y de José Luis Perales». En aquellos tiempos, «Ferrer Picasso» era un nuevo rico más de la sociedad limeña y todo un personaje en Cali. En ambos países tenía un arsenal de armas. Pero él usaba la R-5. «Es pequeña, desplegable y con culatas telescópicas», explica. «De pistolas —aclara—, la Prietto Veretta láser con silenciador y la six hour».

La relación entre él y Montesinos fue tan estrecha que acudió a su 38 cumpleaños. «Le gustaba la música griega y beber Dom Perignon… Tenía doble filo (bisexual) y en aquella fiesta —ilustra— intentó agarrarme dos veces el falo». Demetrio Limonier, también conocido como «El duro», hoy reniega de «la frivolidad». Le gusta citar a Homero y a Sócrates y dejar claro que no es cualquiera. «Tengo educación etílica. En whisky, por debajo de etiqueta negra o Chivas de 25 años es veneno. En champán mi favorita era Cristal», la botella con celofán antirrayos UV y etiqueta de oro. Su precio de mercado, la corriente, es de unos 160 euros, y en restaurantes puede rozar los 700.

Pero eso, asegura, son recuerdos para él. Ahora, insiste en que su fortuna se esfumó y jura, pese a los informes policiales de Colombia y Perú, que «solo» ganó «veinte millones de dólares».

«Quiero salir de la cárcel en helicóptero»

«El loco», «Sadán», «Al Capone» —o cualquiera de su media docena de alias— sigue pensando en su película. Le quedan siete años para salir. Aunque podría estar libre antes, no quiere aceptar los beneficios para reducir la condena: «Tengo dignidad», observa. Ese día, en el que se abran las puertas de Castro Castro, no se va «a someter al circo de Lory Berenson» (terrorista estadounidense del MRTA liberada tras quince años de cárcel). «La prensa no me va a acorralar con preguntas absurdas para que diga que me arrepiento. Yo no me he dejado doblegar». Ese día, insiste, «quiero salir en dos helicópteros con varias anfitrionas (modelos). Me encantaría aterrizar en el hotel Westin —el rascacielos más alto de Lima— y filmarlo todo». Sería el final de la película, modelo «El padrino», como le gusta, y el principio de otra vida. «¿En Perú? No, me sembrarían droga para volver a encarcelarme. Tengo proyectos: entre otros, crear una fábrica de agua de coco, pero me iré fuera. Quizás a Argentina».


Escrito por

Claudia Chávez

@ClaudiaPollo Estudio Periodismo


Publicado en

Redacción mulera

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