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Jaime Bedoya sobre Veguita

Publicado: 2011-07-08

El siguiente texto y la anterior foto fueron publicados originalmente en el blog Trigo Atómico de Jaime Bedoya en Terra.

JORGE VEGA TIENE CANCER. Y va a perder un ojo. Es el mismo ojo que se ha quemado leyendo libros que ya nadie quiere. O que se le gastó de tanto recorrer potos rentados de cuando esta ciudad era decente y tenía burdeles con piano. Pero Jorge Vega tiene también una Fundación, invisible e inservible, la Fundación Vega para Ilustrar al Periodismo. Es a sus ilustres miembros, y a todo aquél con debilidad por el papel impreso en tinta, que estas líneas se dirigen.

JORGE VEGA, A QUIEN el destino pusiera como insondable apodo el diminutivo Veguita, lleva más de 50 años realizando una tarea tan utópica como peatonal. Veguita se dedica a salvar libros viejos. Dice que los vende, pero en realidad su trabajo consiste en evitar que acaben siendo comida para chanchos o materia prima de fuegos artificiales. Destinos típicos de los libros que no supieron ser best sellers.

POR SUPUESTO QUE VEGUITA, ocioso encubierto y apóstata de la moralina, refutaría eso último. Los libros no son un fin, son un camino. El mismo camino que antes lo llevó naturalmente al periodismo. Como él mismo reconoce, reunía las condiciones necesarias para ejercerlo: no sabía nada.

EL PERIODISMO DE ENTONCES tenía un anexo lúbrico y nocturno que despertó entusiasmo en un joven naturalmente dotado para el diletantismo. El burdel era la gran sala de corrección del profesional de la época. Nada como una buena descarga de virilidad para aclarar las ideas y refrescar un vocabulario reseco por unas gónadas obstruidas. Veguita no recuerda artículo suyo alguno, pero no olvida a profesionales del catre como La Negra, Mabel, o a la mamita Luz Gómez, que finamente exigía bailar a los parroquianos antes de atenderse en cuestiones de la carne. Su vida social se limitó, o expandió según quiera verse, a lo prostibulario. Solo un imprudente preguntaría si el diminutivo con el que se le reconoce se lo puso una de esas mujeres en tierna referencia a algún secreto íntimo. Veguita suele responder con gentil pero feroz referencia familiar, materna usualmente, este tipo de impertinencias.

UN TEMPRANO DESEMPLEO y gusto por el tiempo libre, aquel que permite leer, entre otras ocupaciones nocturnas ya referidas, le puso la misión libresca en el camino. Pronto se dio cuenta que en este nuevo oficio trabajaba menos pero ganaba más, con el añadido que en este rubro las posibilidades de crecimiento, al sostenerse en la ignorancia ajena, eran infinitas. Acabada la jornada laboral esa profesión puntualmente lo llevaba a La Herradura a las dos de la tarde. La playa se convirtió así en su único e involuntario jefe. En el fin del camino. El trabajo soñado.

SIGUIENDO LOS LINEAMIENTOS del fundador y único directivo de la Fundación Vega, hagamos como hace el mar: limpiemos de estupidez y odio las orillas con nuestros propios actos, retirándonos pensando en volver antes que en una recompensa. El mejor premio, el único a fin de cuentas, ya ha sido oportunamente dictaminado por Veguita a través de una trayectoria de vida consagrada al romance indiscreto bajo la coartada de la difusión cultural: no hay mayor tesoro que el favor de una mujer, así sea mentirosamente pasajero.

Si además de ello se accede (incruentamente) a su dinero, estaríamos hablando de un verdadero aprovechado de la estructura y función de la Fundación Vega.

Precisemos:

1.- Creada con la única misión de sacar de la ignorancia a sus miembros a través de la lectura, debemos empezar aceptando lo irrefutable: la Fundación Vega ha fracasado.

2.- Este fracaso supino es comprobable a través de la imposibilidad de aprehender diversas manifestaciones de la sociedad peruana actual. Cítense los casos emblemáticos del patetismo incomprensible del empresario que se jacta de una encallada vejez, o el del ex presidente que se trepa sobre ataúdes policiales para hacer campaña vía larga distancia. Más grave aún, la matanza fratricida, el imperdonable ajusticiamiento de prisioneros. Y pagar la propia incompetencia con vidas ajenas: un adorno floral post mortem testimonia que los policías dejan viudas y huérfanos por la patria.

¿De qué sirve leer si estos, los que mandan, no pueden ni balbucear lo que son?

3.- Este panorama sombrío no impide, sin embargo, poner en valor los alcances esenciales ocultos de la Fundación Vega. El mar se limpia solo, tal como decía Veguita de La Herradura luego de mentarle la madre al difunto alcalde que la arruinó.

4. – Pero cuidado, la Fundación ha de evitar caer en la literalidad. Tal confusión se ha dado en el pasado, especialmente con la siguiente cita de Vega: el librero de viejo es un obrero de la inteligencia, aquél que da los ladrillos para que otros construyan los grandes edificios de la inteligencia. Se insta a los miembros de la Fundación a no usar los libros como proyectiles contra la autoridad. La tentación es grande. Pero no.

5.- Busquemos perlas entre el fango. Vega halló un tratado completo sobre arqueología peruana del Smithsonian Institute, propiedad de Julio C. Tello, en Tacora. Ergo, en cualquier basurero hay un diamante. No ilusionarse: en el Congreso solo hay congresistas.

6.- El buen humor siempre es gratis. Hasta en Huatica, celebérrimo prostíbulo de La Victoria, había una puta soprano que cantaba al piano para ir soltando el cuerpo antes de la batalla.

7.- Finalmente, revelando la verdadera y acaso única utilidad de este comunicado, es menester hacer público el golpeado estado de salud de Veguita. Un perverso proceso infeccioso, a lo que se suman vértebras colapsadas por su extraña gimnasia con piedras, lo han alejado –tal como debe haberse percatado todo miembro alerta– de su fracasada pero agradecida feligresía.

Que disculpe la infidencia. Pero como él mismo decía: el mar es hermoso y honrado. El mar se lleva cosas, gente, pero las devuelve.

PARA LOS MIEMBROS de la Fundación Vega es hora de devolver.

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(*) Publicado, por otras circunstancias, en Caretas 2082, junio 2009. Ahora sirve.

Para ayudar a Jorge Vega: llamar a Maritza Montes (997580737) o escribir a Miguel Angel Cárdenas a mcardenas@comercio.com.pe.


Escrito por

Öscar Soto

Músico, periodista en La Mula, ateo, geek, melómano, romántico de izquierdas, lector compulsivo y friki recién casado.


Publicado en

Redacción mulera

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