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Sobre el porqué ya nadie habla de Phillip Butters

Publicado: 2011-03-17

¿Se han dado cuenta por qué de pronto algunos personajes de la televisión dejaron de hablar de las expresiones homofóbicas de Phillip Butters? ¿Será que ya no es noticia?  ¿Acaso hicieron las pases tras cámaras? ¿O será que hubo una pelea que nadie ha contado?

La periodista Maritza Espinoza ha escrito una interesante columna sobre el porqué del silencio que se han impuesto algunos conductores de televisión sobre el tema Butters. Aquí te la dejamos:

¡Chitón boca...!

Por Martiza Espinoza.

Chitón. Mutismo total. Zipper en la boca. De pronto, como si un manto de silencio se hubiera tendido sobre ellos, tanto Carlos Carlín, de La noche es mía, como sus comparsas de Amor, amor, amor, dejaron de mencionar a Phillip Butters, quien se ha convertido en algo así como el Lord Voldemort del canal de San Phillip, perdón, San Felipe. Es decir, El innombrable.

“Él ya agotó el tema”, “Para una guerra hacen falta dos”, “Yo ya dije lo que pienso”, “Ejem, ejem, ejem”, tosieron mil pretextos los conductores de los dos mismos programas en los que, unos días antes, gomeaban muñecos de Butters, insultaban a su quinta generación y se preocupaban de su salud siquiátrica. Carlines, peluchines, paletazos y toñizontes que lo habían convertido en su punching ball diario, pusieron carita de yo no fui y miraron al techo.

Para ese milagro, bastó que el buen Phillip fuera a Enemigos públicos y dijera un par de cosas bien puntuales: “Cipriani está molesto con Ivcher” y “Baruch Ivcher, el judío más rico del Perú, no propone un ‘happening’ en la puerta de una sinagoga, pero sí  permite que Carlín se disfrace de cura y se burle de la iglesia”.

Ups, de repente, los bochincheros cayeron en la cuenta de que Felipito es íntimo de don Baruch y doña Nomi y, muy delicadamente, lo desinvitaron del programa del mediodía, donde debía presentarse el viernes. Acto seguido, se buscaron otros pleitos menos incómodos como el recién estrenado Carlín versus Miyashiro.

Siempre es poco elegante cuando un personaje apela al dueño de un medio para librarse de parlanchines incómodos, pero en el caso de Phillip Butters ha resultado de lo más eficaz, sobre todo porque los aludidos no son periodistas, sino actores, modelitos y figurettis de toda laya, dispuestos a cumplir órdenes aún antes de que estas sean impartidas.

Gracias a eso, se ha liberado en dos papazos de los molestos abejorros que se encargaron de deformar sus opiniones, y Carlín y compañía han demostrado que son machitos hasta que alguien les pone en su sitio con el argumento más contundente de todos: cuidado, el patrón puede molestarse.


Escrito por

Rafael Ponce A.

Periodista, videasta y salsero. Director en La Receta Política.


Publicado en

Redacción mulera

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