Apenas terminado el partido Chile - Uruguay que llevó a la siguiente ronda de la Copa América a los dirigidos por Jorge Sampaoli, una imagen empezó a inundar las redacciones deportivas y las redes sociales.

Una imagen que evidencia que la expulsión de Edinson Cavani no fue solo injusta sino provocada por un cobarde Gonzalo Jara, que tras la primera amarilla mostrada por el árbitro al uruguayo, se acercó hasta este para -siendo directos- meterle un dedo en el trasero buscando una reacción violenta.

Sin embargo, al ver que el uruguayo no cayó en el juego, no le quedó de otra que alucinarse Condorito y tirarse hacia atrás llamando la atención del arbitro, como si hubiera sido víctima de una falta que nunca recibió.

Ok, es cierto, Cavani reacciona y su mano llega a la cara de Jara que exagera la reacción. Pero si eso fue considerado una agresión, ¿por qué entonces no se expulsó a ambos? ¿O es que acaso lo que hizo el chileno por 'habitual' debe ser pasado por alto?

Más allá del juego sucio por parte de Chile, esto, si duda, debería provocar la condena de algo que se ha convertido en una conducta normalizada en el fútbol. Señoras, señores, la cosa es simple: uno decide quien lo toca. Aquí no se trata de una falta de respeto hacia Edinson Cavani por haber sido tocado por un hombre, sino por alguien que no tenía derecho alguno a atribuirse una confianza que nadie le dio.

Pero, claro, no faltarán quienes digan 'así es el fútbol'. Bueno, pues, ciñéndonos a ese argumento tan básico, si la agresión y expulsión hubiese sido contra un peruano ¿estaríamos igual de condescendientes?


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